miércoles, 3 de diciembre de 2014

Les élèves

Durante el tiempo que fui estudiante de francés no hubo un día en que algún profesor nos recordara que los alumnos de Francia eran excepcionales, no hablaban en clase, no jugaban, siempre en silencio y prestando atención. No pudo haber estado más equivocado.

Mis grupos comprenden dos edades fisiológicas y mentales diferentes, los pequeños de Collège que tienen entre 12 y 15 años; y los grandes de liceo, de entre 16 y 18 años. Ahora les pregunto, ¿con cuáles creen que batallo más?

Muchos dirán que con los pequeños por ser aún niños, unos más que con los de 15 o 16 años por estar en lo más duro de la adolescencia, y pocos se atreverían a pensar que es con los que ya van de salida con los que me han comenzado a salir canas verdes.

Así es, los más grandes han demostrado ser los más problemáticos. Pero esto no es de todos, sino de un grupo en particular. Este grupo ha sido desde que comencé a trabajar con ellos el más desordenado. No prestan atención, no se callan y se excusan en que lo hacen porque no entienden mi español... y su excusa ha llegado hasta el punto de faltarme al respeto.

Después de platicar este amargo suceso con algunas personas (otros asistentes y unos cuantos franceses), todos me han dado su opinión, que queda resumida en: a la juventud francesa le falta que le inculcaran disciplina.

El problema con ese grupo trascendió  ya que llevaron su enojo por haberles llamado la atención hasta los consejos escolares y el director del liceo, poniendo en riesgo el trabajo de una de las profesoras, alegando que sistemáticamente (dudo que sepan el significado de esa palabra) han estado teniendo la clase conmigo y no con su profesora, y la escuela, actuando como mal patrón al no defender a su personal, apoya a los alumnos.

No quisiera concentrarme en esto, ya que tengo en realidad muy buenos momentos con mis alumnos (grandes y pequeños), y creo que hasta les gusta como trabajo, ya que varios me han dicho que es una pena que el próximo año no trabajaré con ellos.

Pues no sé cómo acabe esto, pero lo que si sé es que les hizo falta de pequeños una buena tunda de nalgadas y manazos a estos morros u.u

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